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Un cansado adiós. Un tímido hola.

Una guitarra suena en la esquina de la calle,
Melodía acústica que danza al rededor del viento.
Del otro lado del salón miro a la ventana; aquel viejo árbol deja caer sus amarillentas hojas.
Usualmente me reclamaría a mi misma el pensar en el pasado una vez más,
pero mi querido y oscuro ayer se esta yendo como las estaciones del año.

Una dulce voz suena al frente del salón, y por primera vez subí la mirada para conocer al dueño,
qué hermoso y trágico evento fue aquel. Mis pupilas brillaron.

Una fase estilo prodromica comienza. Este sentimiento que ha incubado en lo más profundo de mi pecho, se está volviendo insoportable.
El tono de su lexia y su mirada, son nada especial, pero se han clavado en mi mente.

Una sincera sonrisa me fue dedicada cuando supe que su corazón tenía dueño, pero era demasiado tarde para mí.

Soy feliz justo al atardecer, al lado de la ventana del tren mientras veo las estaciones quedarse atrás, mi pasado se queda embadurnado en las vías y nos despedimos al fin. 
Ya no pienso en él. Me libere tras tres años de haberle querido. 
Aquella recaída, aquel intento, ambos, fueron lo ultimo.

De verdad fue importante, pero no quería vivir soñando con alguien que no intentaba llamar de nuevo. 
Ahora esta nueva voz ha sido proclamada como la vocera de las próximas desgracias en este triste corazón que ha sido capturado por un espíritu que ya tiene con quien caminar.

Y con una sonrisa trate de decirle sin usar mi voz: No te preocupes, eres especial por liberarme de mi antigua prisión, más, siempre he dicho que no lucho contra el albedrío. No tienes por qué saber esto, mientras intercambiemos un "hola" de vez en cuando. 


...Pero... él sólo cree que soy cortes al saludarle. Y tal vez así es.



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