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Nunca aprendí.

Mamá sale la por la puerta detrás de papá

Las noche buenas colorean de carmesí las escaleras.


Estoy sentada junto a la ventana, 

el sol acaricia a mis fríos pies. 

Estoy sola con la música escapando de mis auriculares.

Nunca aprendí a interactuar con el mundo.


Como una colmena de abejas 

mi mente se llena de zumbidos que son palabras indescifrables.

Todo lo que podría salir mal inunda a mi cabeza.

Mi cabello lleno de miel pesa, 

no es dulce, es amarga. 


Si hubiera aprendido a hablar, 

estaría preguntándote qué sucedió.

Pero nunca aprendí las palabras para hacerlo.


Si te quedas en silencio, lo haré también. 

Si te alejas, no te seguiré.

No me importa el dolor, 

la desesperación,

la tristeza.


Si me dejas sola,

estaré aquí sentada, esperando,

pero no por siempre.

Nunca aprendí a seguir a quien quiero,

así que no te buscaré.


Las abejas en mi cabeza zumban enardecidas,

todo lo que sé es que tu silencio

significa que no quieres seguir a mi lado.

No voy a preguntar,

ya que este molesto ruido es todo lo que escucho.


Te voy a pensar una semana más,

luego quemaré todos los mensajes.

Tampoco volveré a escribir.

Estoy resignada a perder.


Seguiré sentada junto a la ventana,

con el sol sobre mi fría piel,

la lengua adormecida,

mis pies atados,

mi corazón agrietado,

la tristeza rondando,

la ansiedad a un costado,

tu recuerdo disipado.






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