Todos mis escritos están guardados en un cofre, siendo lanzados al mar.
Mis gritos desesperados estas en una botella de vidrio cruzando el océano.
Mi corazón fue arrancado, y esta siendo consumido por las llamas del amanecer.
Solía escribir y amar.
Solía sentir y llorar.
Solía no entender a los amantes con ojos opacos qué caminaban rompiendo corazones debido a los vidrios clavados en sus pies.
Pensé que esos vidrios podían quitarse fácilmente, pero no.
Yo estaba mal.
Puedes ver las huellas ensangrentadas qué quedan tras de mi.
Puedes escuchar mis pasos en las noches de lluvia.
Me convertí en un fantasma más. Uno de los amorosos qué realmente no es capaz de amar.
Deje de ser la que sufre por amor, la que lo sueña, para ser la que lo maldice,
la que deja vidrios clavados en sus pies, no porque sea incapaz de quitarlos,
sino porque no sabe como hacerlo o cual quitar primero.
Prefiero apagar las luces y aislarme.
Hay algo que quizás lamentare siempre y es haber evolucionado en reversa. Porque ya no espero y ya no escribo poemas para esos que no me aman, porque ya no busco qué me amen.
Porque ahora yo soy la que no ama.
Soy una de esos que tanto describí. ¿Acaso Mis escritos se incrustaron en mi piel? Quizás se mezclaron con mi sangre y me convirtieron en el monstruo qué no es capaz de amar al que la ama.
Mi corazón estará totalmente hecho cenizas a las 12.
Cuando las cenizas vuelen, espero que el amor que reservaba para mi se disuelva,
como una maldición rota, como una herida sin cicatriz.
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