Evadi y evadi los caminos, los trazos, las cartas.
Camine por el camino oscuro del bosque, me astille los pies,
cure mis heridas en la cabaña vacia que encontre y a la mitad del recorrido
me escondí detrás de un willow.
Sus hojas me abrazaron mientras temblaba viendo una luz en medio del caos.
La luz provenía de un hombre de sonrisa amable, de ojos tiernos.
El hombre lloraba mientras leía cartas, mientras su corazon
dejaba un rastro de sangre y sus manos temblaban.
Me acerque a él, mientras el Willow se aferraba a mis tobillos,
mientras yo pisaba un charco que mojaba mis heridas,
mientras todo al rededor se iluminaba y el sol salía después de años.
Nos miramos y sonreimos.
El lavó mis pies y yo sostuve su corazón.
Caminamos por el sendero, mientras rompia las ramas del Willow,
mientras mi corazón rompia sus miedos,
pero el miedo no se fue, se convirtio en un terrible veneno que entro a través
de las plantas de mis pies.
Mis venas se tornaron oscuras,
mis ojos se volvieron blancos, mis manos despedazaron su corazón.
Él huyó y yo llore.
Él salvo lo poco que quedaba de sí y yo me quede sin el sol.
Volví al Willow, intenté fusionarme con sus hojas,
intente olvidar mi error.
Un pecado que me llevara al infierno cuando el bosque sea quemano,
pues el fuego no va a detenerse,
va a consumirme hasta los huesos,
dejará cenizas de mi culpa,
espero que para ese momento
hayas llegado al mar y veas la puesta de sol,
sintiendote libre.
Adiós corazón...
Las personas como yo pertenecemos al Willow.
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